Por: Gabriel Cardona
Nota editorial:
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Hay gestiones que se miden en cifras y otras que se sienten en la vida cotidiana. En Armenia, la cultura ha vuelto a sentirse cercana, presente y viva. Bajo la dirección de Érica Fernanda Falla García, la Corporación de Cultura y Turismo de Armenia ha construido una relación más íntima entre la ciudad y su expresión cultural. No se trata solo de programar actividades. Se trata de abrir puertas, de sostener procesos y de permitir que el arte vuelva a ocupar su lugar natural: el de encuentro, reflexión y comunidad.
La gestión cultural actual ha logrado que más de 16.600 personas se acerquen a la oferta artística y cultural del municipio. Detrás de ese número hay historias: lectores que regresan a la biblioteca, familias que se encuentran alrededor de un escenario, artistas que sienten respaldo y organizaciones que dejan de resistir solas. La Agenda Cultural, con 12.823 personas beneficiadas, se convirtió en un pulso constante de la ciudad, mientras que la Biblioteca Pública, con 1.984 usuarios, reafirmó que la cultura también se construye en el silencio, la lectura y el pensamiento.
Pero quizá el mayor valor de esta etapa no está solo en el público, sino en el tejido que se fortalece. A través del programa de Concertación, 54 organizaciones culturales encontraron apoyo para seguir creando desde sus territorios. Y con más de 40 estímulos entregados, artistas y gestores recibieron algo más que recursos: reconocimiento, confianza y posibilidad.
La participación de más de 700 artistas y el impacto que alcanza a más de 35.000 personas hablan de una cultura que se mueve, que circula y que no se queda quieta en un solo lugar. Una cultura que llega a los barrios, a los escenarios comunitarios y a los espacios donde la ciudad se reconoce a sí misma.
Hoy, Corpocultura avanza con una base sólida y con una certeza compartida: lo construido permite mirar hacia adelante con esperanza. Desde una lectura periodística, todo indica que este año será aún más profundo y significativo, no solo por lo que se hará, sino por cómo se hará: con experiencia, sensibilidad y escucha.
Porque cuando la cultura se gestiona con sentido humano, deja de ser un evento y se convierte en parte de la vida. Y en Armenia, esa transformación ya se está sintiendo.



