Por: José Manuel Cortés Orozco
Respetar el incremento del 23.7% en el salario mínimo es, desde cualquier óptica de justicia social, una decisión coherente con los derechos adquiridos de la clase trabajadora. Todos estamos de acuerdo en que el ingreso laboral en Colombia debe ser digno; sin embargo, la realidad económica nos está obligando a pasar del aplauso al análisis crítico y, lamentablemente, a la preocupación.
Durante meses, los analistas económicos advirtieron que un aumento de esta magnitud podría deteriorar el empleo formal. Hoy, esa advertencia ha dejado de ser una teoría de escritorio para convertirse en una realidad dolorosa que palpo en mi propio entorno.
En el condominio donde resido —un complejo de 160 viviendas— la asamblea se enfrentó a una encrucijada: aceptar un incremento desproporcionado en la cuota de administración o recortar gastos. La decisión fue tajante: prescindir de tres guardas de seguridad. ¿La solución propuesta por la empresa prestadora? Sustituir el factor humano por cámaras y sensores.
Estamos hablando de tres familias en nuestro departamento del Quindío que, de la noche a la mañana, pierden su sustento. Ya no estamos teorizando sobre modelos macroeconómicos; estamos viendo en la práctica cómo el empleo formal se desvanece frente a los costos operativos que muchas comunidades y empresas simplemente no pueden absorber.
Las decisiones económicas de un país deben navegar entre lo técnico y lo social, pero nunca naufragar en el populismo. Si bien es imperativo mejorar el poder adquisitivo del empleado, no podemos ignorar las consecuencias colaterales. De nada sirve un salario alto en el papel si, en la realidad, las plazas de trabajo se cierran o se automatizan por fuerza mayor.
Lo que hoy vemos es el inicio de un fenómeno que podría traducirse en «comida para hoy y hambre para mañana». Es momento de reflexionar si las medidas que buscan aliviar el bolsillo están, irónicamente, condenando a muchos quindianos a la informalidad o al desempleo. La economía no solo se trata de cifras, se trata de la estabilidad de los hogares.



