Una fuerte controversia sacude el Mundial de la FIFA 2026 luego de que el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconociera haber solicitado al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, revisar la tarjeta roja mostrada al delantero estadounidense Folarin Balogun, sanción que posteriormente fue levantada por el organismo rector del fútbol.
Las reacciones no se hicieron esperar. Wilmar Valdez, expresidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol y exmandatario interino de la Conmebol, calificó el episodio como una situación que «es una mancha para el Mundial» y advirtió que este tipo de actuaciones afectan la credibilidad e independencia del fútbol internacional.
Valdez sostuvo que las decisiones disciplinarias deben mantenerse al margen de cualquier influencia política y recordó que la autonomía de los organismos deportivos ha sido uno de los principios fundamentales del fútbol mundial.
A las críticas también se sumó el exárbitro español Eduardo Iturralde, quien afirmó que «en el deporte no puede haber injerencia política», mientras que el exdirigente chileno Harold Mayne-Nicholls calificó el hecho como «peligroso para la independencia del deporte».
El caso ha generado una ola de cuestionamientos sobre la transparencia de la FIFA, especialmente porque la decisión permitió que Balogun quedara habilitado para disputar el partido de octavos de final con la selección de Estados Unidos. La Federación Belga de Fútbol incluso anunció que estudia impugnar la determinación al considerar que no recibió una explicación oficial sobre el cambio de criterio.
La polémica continúa creciendo en medio del desarrollo del Mundial 2026 y reabre el debate sobre la independencia de los organismos deportivos frente a posibles presiones de carácter político.



